jueves, 29 de diciembre de 2016

El porvenir truncado del arrui

Como probablemente muchos sabréis, el arruí (Ammotragus lervia) ha sido declarado especie invasora en toda España a petición de Ecologistas en Acción y de SEO Birdlife. Esta decisión me ha dejado atónito. SEO, que observa desde hace años la expansión de muchas especies de aves africanas en España no parece que analiza el caso del arrui con la misma vara de medir. Proveniente de la misma región que esas aves y perfectamente adaptado a vivir en los ecosistemas de la región mediterránea, el arrui, como esas especies, se ve claramente beneficiado por el calentamiento global en la Península Ibérica. ¿ Qué sentido tiene considerarla invasora si ni tan siquiera está demostrado que perjudica las demás especies de caza mayor ?



Para agravar las cosas, el arruí es una especie en peligro de extinción en la región de la que proviene. Esta decisión me parece aberrante e ilógica. ¿ Porqué no considerar entonces invasoras especies como el camachuelo trompetero, el elanio azul o la perdiz moruna ? Me sorprende mucho que una institución como SEO haya caído en la trampa de acusar sin ningún fundamento una especie cuyo éxito es lógico si se examina en el contexto de los cambios actuales y a una escala más amplia que la de la Península. Por cierto, el arruí ya estuvo presente en la Península en épocas pretéritas, en las que el clima no difería mucho del actual. ¿ Qué sentido tiene erradicar el ungulado mejor adaptado a las condiciones ecológicas que prevalecen en el SE de la Península y que pronto serán las de gran parte del territorio en toda la mitad S de España ? Siguiendo la misma lógica, vuelvo a repetirlo, deberíamos impedir la expansión de todas las especies provenientes del norte de África, cosa que es ilógica si tenemos en cuenta que de aquí a finales de siglo los grandes biomas de la tierra podrían haber progresado más de 1000 km hacia el norte.

Estas son, creo yo, las principales razones por las que no tiene mucho sentido que consideremos invasora esta especie:

1. El arrui es una especie originaria del norte de África, donde vive (o vivía) en distintos ecosistemas montañosos. Entre ellos los mediterráneos. Al igual que ocurre con el macaco de Berberia, se puede pues considerar que se trata de una especie que pertenece al ámbito mediterráneo (lo es plenamente, en todo caso, la subespecie Ammotragus lervia lervia, que es la que vive en el Magreb desde Marruecos hasta Túnez).





2. Contrariamente a lo ocurrido recientemente con los bisontes en la reserva de Valdeserrillas, en la que estos animales acabaron muriéndose de hambre, el arrui ha demostrado estar perfectamente adaptado a nuestros ecosistemas. Tanto que estaban, hasta hace bien poco, en franca expansión en las mismas sierras en las que se pretendía aclimatar los bisontes. De hecho, se puede decir que la introducción del arrui en el SE de la Península ha sido un éxito rotundo y previsible diría yo visto lo expuesto en el punto 1. Pero claro, la iniciativa la tuvieron los cazadores y eso es algo que molesta mucho en un país como España, donde hemos sido capaces de emprender una campaña de erradicación del castor por haber sido introducido por grupos ecologistas extranjeros...


3. Exótica si se consideran las fronteras nacionales, pero no tanto si se consideran los límites de los ecosistemas mediterráneos, también cabe destacar que esta misma especie o su antecesor directo estuvo presente en la Península Ibérica durante el Pleistoceno. Dependiendo de la escala de tiempo a la que se examinan las cosas, se puede pues considerar que el arrui no es realmente un extraño a este lado del Mediterráneo. Además, de no haber sido por la presencia del hombre, ¿ quién puede asegurar a ciencia cierta que el arruí no hubiese logrado colonizar el sur del continente Europeo y alcanzar la Península Ibérica ? Ya lo hizo en interglaciares anteriores y lo único que ha hecho el hombre al establecer una pequeña población en el SE de la Península ha sido facilitar su “regreso”. Una exitosa experiencia de rewilding llevada a cabo décadas antes de que se empezara a hablar de restaurar las faunas extintas de la Península. Lo que realmente molesta muchos ecologistas es que esta iniciativa la tuvieran los cazadores...

4. El calentamiento acelerado que sufre el clima de la Península y la progresiva "africanización" de sus ecosistemas tendrá, si no desaparece por culpa de la ceguera de nuestra administración y de los grupos ecologistas que impulsaron la inclusión de esta especie en la lista de especies invasoras, un claro ganador: el arrui. ¿ Realmente creéis que las cabras montesas poblarán las sierras del sur de la Península cuando las temperaturas hayan subido 2 o 3 grados más ? Los dos mapas que reproduzco a continuación muestran el área de repartición actual y futura de dos especies que aparentemente poco tienen que ver una con otra: la cabra montés y el camachuelo trompetero. Os muestro el mapa correspondiente a esta especie por dos razones bien sencillas: primeramente, porque los científicos que han realizado este estudio no tuvieron en cuenta al arrui, a pesar de estar establecido en la Península Ibérica desde hace décadas, en segundo lugar porque el camachuelo trompetero es un ave que tiene un área de distribución bastante parecida a la del arrui y que proviene de la misma región del norte de África. El mapa calculado para el camachuelo trompetero es pues probablemente una buena aproximación de lo que sería el mapa calculado para el arrui, que seguramente ocuparía una mayor extensión (el camachuelo trompetero no es muy amigo de los relieves).


Lo que estos mapas nos muestran es que ambas especies no comparten los mismos ecosistemas y lo harán cada vez menos. De ser cierta esta predicción, la cabra montés desaparecerá de buena parte de la Península Ibérica, aprovechándose claramente de ello una especie como el arrui, mejor adaptada a la aridez.

5. Al incluir al arrui en la lista de especies invasoras, nos olvidamos también de algo muy importante: se trata de una especie seriamente amenazada en su lugar de origen. Zonas que igualmente sufren las consecuencias del calentamiento global además de la creciente presión de las poblaciones humanas. Por mucho que se insista en la necesidad de proteger estas especies en sus lugares de origen, no parece que esta especie tenga un futuro muy prometedor en los lugares en los que aún sobrevive. Desde ese punto de vista, comparte destino con el macaco de Berberia y con los bosques que albergan sus últimas poblaciones. 






El cedro del Atlas es un claro ejemplo de lo que se puede hacer para salvar estas especies. Descubierto a mediados del siglo XIX por los colonos franceses ha sido plantado en el sur de Francia con tanto éxito que nadie duda en ese país que el cedro se va a convertir durante este siglo en una de las esencias forestales más importante de aquel país y de buena parte de Europa, devolviendo esta especie a aquellos lugares que ocupó antes de las glaciaciones. Lo lógico, viendo cual va a ser la evolución del clima, sería que el arrui y el macaco de Berberia se asentaran también a este lado del Mediterráneo.

La conclusión a la que llego teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente es sencillísma: los grupos ecologistas que promovieron la inclusión del arrui en la lista de invasoras cometieron un gravísimo error y espero que recapaciten antes de que se complete la masacre de esta especie en nuestro país. Porque sino, dentro de unas décadas, ni habrá arruis, ni habrá cabras montesas, ni habrá nada de nada. Proteger la naturaleza no es simplemente conservarla tal como está, sino también pensar en cómo va a evolucionar. Y desde ese punto de vista, la llegada creciente de especie nuevas es inevitable. Cabría preguntarse, sea dicho de paso, si en vez de soltar en el norte de África gacelas criadas en el SE, no haríamos bien en pensar en soltar algunas de ellas en las vastas zonas de estepas que el calentamiento global irá favoreciendo en el sur de la Península...



El CSIC traslada hoy 43 gacelas de Cuvier desde Almería hasta Túnez




Bibliografía:

Araújo, M.B., Guilhaumon F., Neto D. R., Pozo, I., & Calmaestra R. (2011) Impactos, Vulnerabilidad y Adaptación al Cambio Climático de la Biodiversidad Española. 2 Fauna de Vertebrados. Dirección general de medio Natural y Política Forestal. Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino. Madrid, 640 páginas. Descargar

Entrevista al Dr. Jorge Cassinello, experto sobre el arruí

lunes, 12 de diciembre de 2016

La batalla de las termófilas



El territorio del antiguo imperio persa alberga aún muchas especies de fauna y de flora que estuvieron presentes en buena parte del continente europeo antes de ser eliminadas por las glaciaciones y que no tuvieron la oportunidad de regresar, ya sea por hallarse cortadas las posibles rutas que les permitirían regresar o por haberlo rendido imposible el hombre (caso del león, que aquí vemos cazando un toro en un bajo relieve de Persépolis).



El continente europeo sufrió, a consecuencia de las glaciaciones cuaternarias, una notable pérdida de biodiversidad en lo que a especies arbóreas se refiere. Muchas especies con unas exigencias térmicas poco compatibles con el deterioro climático sufrido desaparecieron casi por completo o por completo del continente europeo, sobreviviendo en refugios situados en el sureste del continente europeo y en el suroeste de Asia, en unas regiones que formaron parte, en la Antigüedad, del Imperio Persa cuando este alcanzó su apogeo.



Los cambios climáticos en curso, sin embargo, podrían favorecer su regreso y ayudar a que los bosques europeos recuperen algo de la biodiversidad que tuvieron antes de que las glaciaciones hicieran desaparecer estas especies. Algunas son comunes en nuestros parques y jardines pero otras, muy emblemáticas, tienen una escasa difusión y merecerían ser tenidas en cuenta no solamente para fines ornamentales, sino también como especies forestales en aquellas zonas en las que el clima actual y futuro pueda serles favorables. Devolver esas especies a sus antiguos dominios permitiría contrarrestar dos consecuencias nefastas del cambio climático:

1.- El decaimiento forestal propiciado por la falta de biodiversidad de nuestros bosques. En muchos lugares, el calentamiento acaecido durante el siglo XX ha sido suficiente para que algunas especies pasen de vivir en condiciones aceptables a vivir al límite de sus posibilidades. Está ocurriendo actualmente en Andalucía, donde los pinares de altitud están muriendo en algunas sierras de forma masiva debido al aumento de la temperatura y la acentuación de los periodos de sequía. Ocurre también en nuestras dehesas, siendo la encina y el alcornoque las dos especies más afectadas por este fenómeno en la Península Ibérica. Los bosques europeos están dominados por un escaso número de especies y cualquier fenómeno que afecta de manera negativa una u otra de esas especies tiene consecuencias muy visibles en la salud de los bosques que constituyen.

2.- La desaparición definitiva de las especies relictuales. Muchas de ellas, en efecto, tienen actualmente un área de distribución muy reducida. El mapa que copio más abajo, por ejemplo, muestra la repartición natural del liquidamabar oriental, una especie que estuvo distribuida en el pasado por toda la cuenca mediterránea. Propiciar el uso de esta especie a este lado del Mediterráneo estableciendo pequeñas poblaciones ex-situ permitiría reducir considerablemente el riesgo de ver esta especie desaparecer a consecuencia del cambio climático.


Distribución actual de liquidámbar oriental en el sur de Turquía y en la isla de Rodas (Grecia).


La idea de introducir especies "exóticas" puede que traiga a la memoria de muchos algunas actuaciones desafortunadas de nuestras autoridades. No se trata, sin embargo, de sustituir especies autóctonas por especies alóctonas con un fin productivista. Se trata de permitir que especies que estuvieron presentes en nuestro continente hasta unas fechas relativamente recientes (que me atrevería a calificar de "paleo-autóctonas") puedan volver a establecerse en él y contribuir a incrementar la biodiversidad de sus bosques. Se trata, al fin y al cabo, de propiciar ese relevo de faunas y de floras que ya ocurrió en los periodos interglaciares anteriores pero que hoy el hombre dificulta por el enorme impacto que sus actividades tienen sobre el medio ambiente. Si, como todo indica, la subida de las temperaturas amenaza con llevarnos de vuelta a condiciones de temperaturas más propias de inicios del Cuaternario o de finales del Terciario, ¿ porqué no imaginar que las especies que poblaban entonces nuestros bosques vuelvan de sus actuales refugios ?

 ¿ Para qué me diréis ? ¿ Qué ventajas puede tener que un bosque esté constituido por un mayor número de especies arbóreas ? Las dos grandes ventajas que le veo son las siguientes:

- En caso de que las condiciones climáticas cambien, el riesgo de que todos los árboles del bosque se vean afectadas de igual manera disminuye mucho. Las especies que no se ven afectadas contribuyen a mitigar los efectos de ese cambio, manteniendo las condiciones que permiten que otras especies más amenazadas pervivan localmente.

- La productividad del bosque aumenta sensiblemente en bosques mixtos constituidos por una mezcla de especies.

¿ Qué especies de árboles presentes en los territorios que constituían el imperio persa en su apogeo estuvieron presentes en Europa antes de glaciaciones ? A continuación haremos un pequeño repaso de las principales especies de esa región, haciendo sobre todo hincapié en aquellas especies cuya presencia en Europa durante el Pleistoceno está bien documentada.




Zelkova carpinifolia (Ulmaceae)

El género Zelkova estuvo presente en buena parte de Europa durante el Terciario y gran parte del Cuaternario. Desaparece de la Península Ibérica al mismo tiempo que Parrotia, pero permanece muchísimo más tiempo en Italia (hasta hace tan solo 32,000 años). Pequeñas poblaciones residuales han sobrevivido milagrosamente en Creta (Zelkova abelicea) y en Sicilia (Zelkova sicula) pero el estudio de los macrorestos encontrados en Italia parece indicar que la Zelkova italiana era más parecida c la especie que sobrevive hoy en día en el Cáucaso. Los restos foliares descubiertos en Cataluña guardan también mucho parecido con la especie presente hoy en día en el Cáucaso.


Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a este género (estrellas azules).


Parrotia persica (Hamamelidaceae)

El árbol del hierro es hoy en día un endemismo de la región que bordea el sur del Mar Caspio. Tuvo sin embargo una amplia repartición por todo el sur de Europa durante buena parte del Cuaternario. Aún estaba presente en Grecia en el último periodo interglaciar (Epiro) y se han encontrado restos atribuibles a esta especie (Parrotia cf. persica) datados de hace escasamente 1 millón de años en Italia. Desaparece de la Península Ibérica poco antes, hace aproximadamente 1,2 Ma, junto a un fornido conjunto de géneros y de especies (Araliaceae, Cathaya, Elaeagnus, Engelhardia, Eucommia, Liquidambar, Keteleeria, Nyssa, Sciadopitys, Symplocos, Parrotia, Parthenocissus, Pterocarya, Tsuga), en una época (Transición del Pleistoceno Medio) en que la intensidad y la duración de los ciclos glaciares se incrementaron. Su desaparición en el sur de Europa probablemente se deba a un aumento de las condiciones de aridez, ya que aún aparece de forma abundante en Polonia en el interglacial Mindel-Riss, junto al nogal del Cáucaso (Pterocarya fraxinifolia). Las condiciones óptimas para esta especie son unas precipitaciones de unos 1200-1300 mm anuales y una temperatura media de 14-15 grados. En la Península, tales condiciones tan solo se cumplen en zonas de montaña y en el norte.


Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a este género (estrellas azules).


Liquidambar orientalis (Altingiaceae)

El liquidámbar oriental es un árbol que pertenece a un género que estuvo presente en todo el Hemisferio Norte durante el terciario. A consecuencia de las glaciaciones desapareció casi por completo del continente europeo, sobreviviendo milagrosamente en las llanuras aluviales del sur de Turquía y en la isla de Rodas (Grecia). Su desaparición del resto de la cuenca mediterránea parece haber seguido más o menos las mismas pautas que las que siguió el género Parrotia, desapareciendo primeramente de la Península Ibérica en la Transición del Pleistoceno Medio, hace 1,2 millones de años. Al ser una especie que depende fundamentalmente de la presencia de un alto nivel freático, se podría imaginar su recuperación en los grandes valles aluviales y en la ribera de los ríos persistentes. Su perfecta adaptación al clima mediterráneo, incluso continental, queda perfectamente ilustrada por el magnífico resultado obtenido en el Jardín del Príncipe de Aranjuez, donde esta especie tiene probablemente su mejor representación fuera de su área de repartición natural. Cultivados en unas condiciones que se asemejan mucho a las naturraes (suelos aluviales inundables), han crecido hasta alcanzar un tamaño que probablemente no presente ni tan siquiera en su hábitat natural, donde esta especie es explotada desde tiempos inmemoriales para la obtención de la resina que produce.


Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a este género (estrellas azules).


Pterocarya fraxinifolia (Juglandaceae)

De todas las especies que desaparecieron a consecuencia de las glaciaciones y que perviven en la actualidad en el este del continente europeo, la pterocaria del Cáucaso fue probablemente una de las que tuvo la más amplia distribución, llegando esta especie hasta Irlanda. Se trata, como el liquidámbar o el plátano oriental, de una especie ribereña que suele formar bosques mixtos junto a otras especies. Especie termófila, su presencia en la Península se vio truncada por el endurecimiento de las condiciones climáticas en la Transición del Pleistoceno Medio.

Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a este género (estrellas azules).


Carpinus orientalis (Betulaceae)

Especie oriental cuya área de distribución se extiende por el oeste hasta el sur de Italia. Esta especie tuvo una fuerte presencia en el NE de Península Ibérica en el Plioceno terminal. Se trata de una especie termófila y xerófila propia de la vegetación submediterránea, que probablemente podría tener un área potencial bastante extensa en la Península Ibérica (a diferencia del carpe común, que tiene un un área de distribución euro-siberiana y cuya área de extensión potencial se limita al norte de la Península). En Irán, esta especie crece en regiones con precipitaciones por encima de los 575 mm anuales y una temperatura media anual de 16,2-18 grados.  Es muy probable que el polen de este género encontrado en los sedimentos lacustres de La Laguna (Tenerife) junto al de una especie no identificada del género Quercus (probablemente Q. canariensis) corresponda a esta especie.


Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a esta especie (estrellas azules).


Rhododendron ponticum (Ericaceae)

Aunque el ojaranzo lograra sobrevivir en la Península Ibérica en una reducidísima área de la provincia de Cádiz en algunos puntos muy localizados de Portugal, la mayor parte de su área de distribución se encuentra en la región póntica y Cólquida. Los hallazgos realizados en el arco alpino enlazan ambas poblaciones disyuntas y demuestran que esta especie tuvo un área de distribución mucho mayor que alcanzaba incluso la lejana Irlanda. Es interesante notar que esta especie se considera hoy en día, en esa misma región, como una especie invasora.


Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a esta especie (estrellas azules).


Gleditsia caspica (Fabaceae)

Perteneciente a un género que tenía un área de distribución continua en todo el Hemisferio Norte en el Terciario, esta especie es muy próxima a G. japonicum, de la que quedó separada por las glaciaciones. Sus poblaciones actuales están, entre otras cosas, amenazadas por la facilidad con la que se hibrida con la especie americana, muy utilizada como árbol ornamental en buena parte de Europa, donde se naturaliza con frecuencia.

Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a este género (estrellas azules).


Ostrya carpinifolia (Betulaceae)

Perteneciente a la misma familia que el carpe, esta especie originaria del E de la cuenca mediterránea no sobrevivió en la Península Ibérica a pesar de ser una especie típicamente mediterránea. Se trata de un pequeño árbol que alcanza los 15 m de altura, bastante parecido al carpe, del que difiere sobre todo por sus frutos y la nervación de sus hojas (los nervios laterales se ramifican).
   



Aesculus hippocastanum (Hippocastanaceae)

El castaño de Indias es una especie que crece actualmente en los bosques caducifolios y mixtos de las montañas del S de los Balkanes (Albania, Grecia, Macedonia y Bulgaria), entre 700 y 1830 m. Se trata de una especie mesofítica (planta que requiere condiciones intermedias de humedad, no siendo muy resistente a la sequía), que crece en valles húmedos, barrancos y cabeceras de ríos, donde convive con especies de géneros como Fagus, Juglans, Alnus, Acer, Fraxinus, Tilia, Corylus y Cornus. Tuvo a finales del Terciario y durante buena parte del Pleistoceno un área de repartición mucho más amplia. No se conocía su presencia en la Península Ibérica hasta que se encontraran restos de madera pertenecientes a esta especie en sedimentos datados de la transición Pleistoceno inferior-Pelistoceno medio de la localidad de Cal Guardiola (Tarrasa, Barcelona). O sea hace más o menos un millón de años. No es de extrañar, conociendo sus afinidades ecológicas, que tenga tendencia a naturalizarse en puntos del norte de la Península Ibérica en los que probablemente ya estuvo presente antes de las glaciaciones.

Distribución actual (rojo) y localidades con fósiles del Pleistoceno atribuibles a esta especie(estrellas azules).


Syringa vulgaris (Oleaceae)


Aún presente en el Pleistoceno superior en Cataluña, la persistencia del lilo en esta región demuestra claramente el papel de refugio que desempeñó durante los máximos glaciales del Cuaternario, también evidenciado por la persistencia en esta región de especies como el quejigo andaluz (Quercus canariensis), a una distancia considerable de sus poblaciones más cercanas. El lilo es originario del SE de Europa (N de Rumanía, C de Albania y NE de Grecia) pero se ha asilvestrado en muchos lugares, cosa que no es de extrañar considerando su pasado.

   



Albizia julibrissim (Fabaceae)

El árbol de la seda es una especie ornamental muy popular en la región mediterránea. Sus dos poblaciones naturales estàn situadas a casi 6000 kilómetros una de la otra. La especie, en efecto, sobrevivió en el sur del Mar Caspio pero la segunda población se encuentra en el lejano oriente, en una zona que cubre parte de China, Corea y Japón. Aunque es probable que este género haya estado presente en Europa, no hay constancia de ello hasta la fecha (que yo sepa). Se trata de una especie que resiste bastante bien la sequía y que no sería sorprendente ver naturalizarse en algún que otro punto de la Península Ibérica. Observé un ejemplar subespontáneo en Moncofar (Castellón) el pasado verano y no me sorprendería que apareciesen más en el futuro.


Distribución actual (rojo)


Disopyros lotus (Ebenaceae)

Especie con un área de distribución disyunta, con tres poblaciones aisladas unas de otras: China, Asia Central y el Cáucaso. Es muy probable que esta especie o su antecesor directo estuviese presente en Europa, por mucho de que escaseen las evidencias. Es interesante notar que esta especie tiende actualmente a naturalizarse en algunos puntos de la Península.



En una próxima entrada os hablaré de las especies y géneros que estuvieron presentes en la Península Ibérica durante el Cuaternario pero que hoy hay que ir a buscar mucho más lejos, en el este de Asia o en Norteamérica. Os sorprenderá saber que algunas especies endémicas de China tuvieron en el pasado una extensión mucho más amplia. De alguna de ella ya hablamos en este blog: el ailanto, en efecto, es una de ellas y no ha esperado a que yo escribiera estas líneas para efectuar un exitoso regreso. Esto nos llevará a plantearnos la gran pregunta: ¿ debemos actuar y ayudar estas especies a “reconquistar” sus antiguos dominios ? Por las razones expuestas anteriormente, yo creo que sí que deberíamos dar a esas especies el pequeño empujoncito que necesitan para, al menos, poder vencer los obstáculos insalvables que el hombre y la naturaleza han puesto en su camino.