miércoles, 25 de mayo de 2016

Todo cambia

Ante los peligros que amenazan la supervivencia de muchas especies, la inmensa mayoría de los jardines botánicos se ha movilizado para intentar salvar las plantas más amenazadas por la subida de las temperaturas, la pérdida de hábitat, la sobreexplotación, etc. Para ello, muchas instituciones están constituyendo bancos de semillas que, en teoría, estaban pensados para recuperar especies amenazadas cultivándolas ex-situ para luego reintroducirlas en su medio natural. Con la aceleración del calentamiento global, el problema se está complicando sobremanera, ya que no solamente resulta complicado obtener un stock viable de semillas, sino que podrían también desaparecer los ecosistemas en los que teóricamente se deberían reintroducir esas especies.



Banco de semillas del Millenium Seed Bank del Real Jardín Botánico de Kew, el más grande del mundo en la actualidad.



Para muchas especies, el cultivo ex-situ se realiza en los propios jardines botánicos o en instalaciones dependientes de ellos. Para mantener una pequeña población viable ex-situ, es necesario cultivar un cierto número de ejemplares, que permita mantener una buena variabilidad genética. Si, para especies herbáceas y arbustivas, resulta factible en instalaciones de un tamaño relativamente reducido, resulta mucho más difícil conseguirlo en el caso de especies arbóreas. Pongamos un ejemplo muy llamativo y cercano: como muchos de vosotros probablemente sabéis, el árbol más alto del Real Jardín Botánico de Madrid es una "zelkova del Cáucaso" (Zelkova carpinifolia), una especie que la IUCN cataloga como "casi amenazada". ¿ Cuántos ejemplares hay en el Real Jardín Botánico de Madrid ? Dos. Claramente, no se puede considerar que se esté cultivando "ex-situ" en el Real Jardín Botánico. Aún queriendo, está claro que resultaría un tanto difícil lograrlo visto el tamaño que alcanza este árbol y otras especies de las que resultaría interesante mantener un stock mínimo de ejemplares. ¿ Realmente no hay soluciones ?

Se me ocurren al menos dos ideas. La primera es obvia echando una ojeadita al mapa de Madrid. Todos probablemente sabéis que el Real Jardín Botánico de Madrid se encuentra a muy poca distancia del Parque del Retiro y, si habéis tenido ocasión de daros un paseíto por la zona oeste de ese parque, probablemente os habreis quedado sorprendidos por el aspecto tan selvático que presenta en esa zona. Una zona en la que a veces se pueden observar pequeños castaños de Indias nacidos de semilla. ¿ Porqué no imaginar una colaboración de los Jardines Botánicos con los grandes parques de nuestras ciudades ? Zelkovas del Cáucaso, liquidámbares orientales y otras especies amenazadas seguramente encontrarían aquí optimas condiciones para su desarrollo. En una visita reciente al Jardín del Príncipe en Aranjuez, he tenido la ocasión de ver el tamaño que alcanzan algunas especies que se cultivan en él y me parece realmente muy llamativo que los liquidámbares orientales (Liquidambar orientalis) cultivados en ese parque sean tal vez los mayores ejemplares existentes de esta especie.




Bosque de cedros en las faldas del Mont Ventoux (Francia), donde esta especie se ha aclimatado perfectamente y ha contribuido a regenerar el bosque de una manera espectacular.



La segunda idea resultará mucho más difícil de aceptar y nos retrotrae a tiempos en los que nuestros ingenieros forestales no dudaron en llevar a cabo algunas experiencias que hoy en día resultan inaceptables para una gran mayoría de personas. Sin embargo, a pesar de las barbaridades que se cometieron, no todo fue tan negativo y nos sirve para ir pensando en qué habremos de hacer del cara al futuro. Se nos avecina una auténtica catástrofe y la solución para muchas especies amenazadas solo puede ser la de "encontrarles" un nuevo hábitat. He hablado mucho, en este blog, del Cedro del Atlas y del pinsapo, dos epecies que han sido ignoradas en este país y que podrían haber sido utilizadas mucho más extensamente. Una situación que contrasta con la de Francia, donde existen varios extensos bosques de cedros en los que esta especie presenta un crecimiento superior al que tiene en su lugar de origen. La traslocación de algunas especies a distancias muchas veces considerables probablemente sea la única posibilidad que tendremos de salvar a muchas especies. Desde este punto de vista, tener en cuenta el pasado me parece que cobra mucho sentido y no deberíamos ser tan reacios a imaginar el regreso de especies que estuvieron presentes en el pasado y que tienen hoy un área de distribución muy reducida que podría poner en peligro su supervivencia.



Hoja fósil de Liquidambar, del Plioceno de Italia (Museo Paleontologico de Asti).



Pues nada, vayan pensándolo tranquilamente y pregúntense qué sentido y qué significado tienen términos como "autóctono" y "alóctono" en un mundo que cambia a toda velocidad. La vegetación "potencial" que nos empeñamos en preservar y en restaurar puede que ya no sea, en realidad, la que nos imaginamos. De hecho, buena parte de nuestros bosques autóctonos sufren desde hace unas décadas un proceso de "decaimiento" que los ingenieros forestales atribuyen sin lugar a dudas al calentamiento global. No por nada arden los bosques gallegos con tanta facilidad. No por nada prosperan las acacias en esas superficies quemadas. Los gallegos no se han convertido de repente en pirómanos y las acacias se venían cultivando desde siglos sin que se escapasen de los jardines. Algo está cambiando que tan solo los ciegos son incapaces de ver. Tendremos que adaptarnos y, para ello, empezar a pensar de una manera diferente, más pragmática. Así que si os digo que mi sueño es plantar cedros y pinsapos en la sierra de Guadarrama, por favor no me miréis como si estuviese loco. Aunque me temo que probablemente me encerrarían si realmente me atreviera a llevar a cabo esa idea.



Esta reflexión también es válida para el mundo animal, sea dicho de paso. Tal vez haya llegado hasta vuestras orejas los proyectos de erradicación del arruí emprendidos por los gobiernos regionales de Valencia y de Murcia hace unos años. No sé si habrán seguido adelante ni que resultados habrán tenido. Me supongo que letales dado la facilidad con la que los cazadores disparan sobre cualquier cosa que se mueve. Si, además, lo hacen con el beneplácito de la autoridades, está garantizada la masacre. El caso es que el arruí es una especie en vías de extinción cada vez más amenazada en su área de repartición "original" que ha encontrado en España unas condiciones de vida muy parecidas a las del norte de África. Cada vez más parecidas podríamos decir, ya que el calentamiento global favorece visiblemente a esta especie. De seguir aumentando la temperatura como lo hace, ¿ alguien se cree que seguirán correteando ciervos y cabras montesas en las sierras del S de la Península ? El arruí es claramente la especie más favorecida por el cambio climático en la Península Ibérica y su éxito es, desde un punto de vista ecológico, de una lógica aplastante. Erradicar el arruí es un auténtico sinsentido cuando se examina su presencia desde un punto de vista más amplio y teniendo en cuenta la evolución prevista de las temperaturas y de nuestros ecosistemas.

Para acabar este post, permítanme retranscribir a continuación las dos primeras estrofas de una canción a la que puso voz Mercedes Sosa y que, de repente, ha adquirido para mí un significado que probablemente no tuviese para quien la compuso...

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño...