sábado, 13 de febrero de 2016

Lo que el hielo se llevó (1)

Durante los últimos 2 millones de años, el continente europeo ha sido sometido a importantes y bruscos cambios climáticos que se han traducido durante los períodos más fríos por el desarrollo de enormes calotas de hielo en el norte del continente y en los principales sistemas montañosos. En la Península Ibérica hubo glaciares en los sistemas montañosos más importantes pero la mayor parte del territorio quedó libre de hielo. En las zonas más meridionales y en las fachadas atlántica y mediterránea, las condiciones climáticas permitieron la supervivencia de una vegetación arbórea en zonas que actuaron como refugios. En estos refugios sobrevivieron prácticamente todas las especies de frondosas que conocemos hoy en día en la Península.

Es interesante notar, sea dicho de paso, que también sobrevivieron algunas especies que se solían considerar tradicionalmente arqueófitos, como el castaño y el nogal, de los que hay un registro polínico contínuo durante todo el Cuaternario. Cabe destacar que aún en los períodos más fríos, lograron sobrevivir algunas especies propias de las laurisilvas terciarias, como pueden ser el laurel, el loro o el quejigo andaluz. Los contrastes climáticos en la Península Ibérica eran pues muy marcados en los máximos glaciales, sin llegar a desaparecer la vegetación que conocemos actualmente, confinada en áreas mucho más reducidas pero siempre presente durante todo el Cuaternario.





Muchas especies, sin embargo, no lograron sobrevivir a las alternancias climáticas del Cuaternario, ya sea porque realmente no existían más las condiciones necesarias a su desarrollo (especies demasiado termófilas) o porque no encontraron las rutas que les hubiesen permitido alcanzar los refugios en los que hubiesen podido sobrevivir. Algunas desaparecieron totalmente del continente europeo. Otras se retiraron hacia otras zonas refugio, como la Península Itálica o los Balcanes y no volvieron. O lo están haciendo discretamente con la ayuda del hombre. En este artículo y en una serie de artículos dedicados al mismo tema me propongo haceros descubrir lo que el hielo se llevó. O sea, aquellas especies arbóreas de nuestra flora que desaparecieron a consecuencia de las glaciaciones. Os llevaréis, qué duda me cabe, alguna que otra sorpresa. Esta pequeña lista de especies sigue un orden cronológico inverso, empezando con las especies que pensábamos que habían desaparecido y siguiendo luego con una pequeña descripción de las especies que fueron desapareciendo poco a poco durante el Cuaternario.



Especies que nunca desaparecieron (falsos arqueófitos)

Los botánicos llaman “arqueófitos” aquellas especies de plantas que fueron introducidas por el hombre antes de 1500 y que están ya totalmente integradas en nuestra flora. Las especies que se describen a continuación eran tradicionalmente  consideradas como tales. Los estudios palinológicos han demostrado, sin embargo, que estuvieron presentes en la Península Ibérica durante todo el Cuaternario y que sobrevivieron al último episodio glacial (Würm).



Castanea sativa - Castaño

Se solía considerar que el castaño había sido introducido en la Península Ibérica por los romanos o los griegos en la Antiguedad pero los estudios palinológicos han demostrado claramente la permanencia de esta especie en la Península durante todo el Cuaternario.

  



Juglans regia - Nogal

Al igual que el castaño, se solía pensar en una introducción de esta especie en la Antiguedad pero los registros palinológicos han demostrado su pervivencia en áreas de clima templado.

   



Celtis australis - Almez

Difundido por buena parte de la Península y ampliamente cultivado, el almez también se consideraba un arqueófito. Su presencia, sin embargo, ha sido detectada a lo largo de todo el Cuaternario.


   



Pleistoceno Superior (126.000 – 11.700 BP)

El Pleistoceno Superior comienza en la base del último interglacial (Eemiense) y cubre el último episodio glacial (Würm), que alcanzó su apogeo hace 22.000 años. Aunque este episodio glacial es el último del Cuaternario y fue precedido por otros de una intensidad parecida, algunas especies consiguieron sobrevivir hasta ese momento. Les faltó realmente muy poco para haber sobrevivido en la Península Ibérica.



Syringa vulgaris - lilo

Aún presente en el Pleistoceno superior en Cataluña, de donde procede la única referencia de la presencia de esta especie en todo el oeste del continente europeo, la persistencia del lilo en esta región demuestra claramente el papel de refugio que desempeñó durante los máximos glaciales del Cuaternario, también evidenciado por la persistencia en esta región de especies como el quejigo andaluz (Quercus canariensis), a una distancia considerable de sus poblaciones más cercanas. El lilo es originario del SE de Europa (N de Rumanía, C de Albania y NE de Grecia) pero se ha asilvestrado en muchos lugares, cosa que no es de extrañar considerando su pasado.

   



Cedrus atlantica (?) - Cedro del Atlas

La presencia del cedro en los registros polínicos de la Península Ibérica es continua desde el Eoceno hasta el Pleistoceno Superior. Aunque algunos autores atribuyen la presencia de polen de cedro exclusivamente a aportes eólicos, no cabe duda de que en muchos lugares alejados de la costa africana, la presencia de polen de cedro bien podría tener una explicación local. La masiva presencia del cedro en Italia hasta el Pleistoceno medio parece en cambio claramente demostrada y parece por lo tanto razonable pensar que también estuvo presente en la Península Ibérica.

   



Platanus orientalis - Plátano

El plátano de sombra es probablemente a ojos de muchas personas un símbolo del Mediterrámeo. ¿ Es posible imaginar a muchos pueblos del contorno mediterráneo sin un imponente plátano dando sombra a sus vecinos en la plaza central de la localidad ? El hombre en realidad no hizo otra cosa que restablecer a esa especie en sus antiguos dominios, ya que estuvo presente en la Península Ibérica hasta una época muy reciente. Aunque el plátano de sombra tenga un origen híbido, los estudios genéticos demuestran que se trata de un híbido mucho más próximo a la especie oriental, con la que el híbrido se cruzó repetidas veces, que a la especie americana con la que se hibridó inicialmente.

   



Carpinus betulus - Carpe

Aunque el actual área de repartición del carpa alcanza algunos puntos de Navarra, esta especie tuvo antes de la última glaciación una presencia mucho más amplia en la Península Ibérica, desapareciendo del NE de la Península tan solo en el Pleistoceno Superior. Probablemente esta especie pudiera tener un área de repartición mucho más extensa en la Península. Su expansión post glacial probablemente se haya visto truncada por la revolución neolítica.

   



Pleistoceno medio (781.000 - 126.000)

El Pleistoceno Medio se inicia con el interglaciar Gúnz-Mindel, bastante cálido, que duraría unos 50.000 años. Le sucede la glaciación de Mindel, un largo periodo de clima fresco y bastante árido que duraría unos 350.000 años. Esta glaciación cede el paso a otro interglacial de clima templado y húmedo (Mindel-Riss) que duraría unos 50.000 años que deja finalmente paso a la glaciación de Riss, de frío intenso y durante la que el nivel del mar bajó considerablemente.



Carya sp. - Pacanero

Género perteneciente a la misma familia que el nogal (Juglandaceae) que tiene hoy en día un área de distribución típicamente disyunta, con una docena de especies en Norteamérica y 5-6 especies en el E de Asia. Este género desapareció por completo del continente europeo y del oeste de Asia a consecuencia de las glaciaciones. Actualmente se cultivan en Europa varias especies de origen americano tanto para sus nueces (nueces pacanas) como para su madera. Carya illinoiensis se cultiva en la Alpujarra granadina, donde parece que tiene tendencia a naturalizarse. La persistencia de este género hasta una fecha tan reciente no necesariamente es una sorpresa si tenemos en cuenta que en Norteamérica una de sus especies alcanza el S de Canadá. 


   



Ostrya carpinifolia - Carpe negro

Perteneciente a la misma familia que el carpe, esta especie originaria del E de la cuenca mediterránea no sobrevivió en la Península Ibérica a pesar de ser una especie típicamente mediterránea. Se trata de un pequeño árbol que alcanza los 15 m de altura, bastante parecido al carpe, del que difiere sobre todo por sus frutos y la nervación de sus hojas (los nervios laterales se ramifican).


   




Esto es todo por hoy. En el próximo artículo de esta serie os presentaré las especies que estuvieron presentes en la Península Ibérica en el Pleistoceno inferior y en el Plioceno. Una larga lista de especies que os parecerán cada vez más exóticas...