jueves, 13 de agosto de 2015

Homenaje a una generación sacrificada

Mi abuelo paterno fue, antes de la Guerra Civil, guardia de infantería del Cuerpo de Policía Urbana. En 1936 fue ascendido a inspector, siendo entonces responsable de una de las cuatro zonas en las que estaba dividida la capital. Un recorrido impecable que, sin embargo, iba a verse truncado por la caída del gobierno de la República. El haber accedido a un puesto de responsabilidad durante la República se volvió entonces en su contra. Mi abuelo fue por ello a parar a la cárcel, donde probablemente le esperaba el mismo destino que tuvieron muchos: el paredón.





Placa y silbato de mi abuelo.



Afortunadamente, mi abuelo acabó siendo liberado gracias al testimonio de un amigo perteneciente al bando que ganó la guerra. Eso sí, perdió su trabajo y nunca más pudo reincorporar el Cuerpo de Policía. Mucha vocación debía tener sin embargo mi abuelo para que años más tarde, en 1953, se arriesgase a solicitar la revisión de la sentencia que le dejó fuera del cuerpo. Esta fue la respuesta que recibió entonces:


Tras su liberación, mi abuelo tuvo que trabajar de lo que pudo. Fue, entre otras cosas, camarero durante muchos años pero nunca olvidó lo que llegó a ser antes de la guerra. Su único consuelo fue que al volver la democracia le reconocieron el derecho a una pensión por los años que trabajó como policía. Pequeña anécdota curiosa, mi abuela hizo bautizar sus hijos mientras su marido estaba en la cárcel. Supongo que en parte se debió a sus convicciones religiosas pero me imagino que probablemente recibiría todo tipo de presiones por parte de las autoridades civiles y religiosas para que lo hiciera...

Mi abuelo, a pesar de todo, tuvo mucha suerte. Una suerte que no tuvieron las posiblemente 200.000 personas fusiladas tras la guerra o los miles de prisioneros políticos que fueron a parar a campos de concentración, en los que muchos de ellos murieron de hambre y de enfermedad. No nos olvidemos que muchas de las infraestructuras iniciadas en la posguerra se llevaron a cabo entonces gracias al trabajo de esos presos, auténticos esclavos que tuvieron que pagar su redención con su trabajo. A las empresas que entonces recurrieron al trabajo esclavo y que siguen en activo hoy en día no les suele gustar mucho que se les recuerde esos hechos...





Construcción con trabajo esclavo del 'canal de los presos' para el Bajo Guadalquivir / RMHSA (CGT)



Aunque la posguerra fue un periodo difícil para todos, fue sobre todo particularmente dramático para las familias de los represaliados. Muchas familias perdieron su principal sostén y se vieron abogadas a situaciones terribles. Como mi abuelo, tenían vetado el acceso a sus antiguos trabajos y no recibían ningún tipo de ayuda del estado o de la iglesia, cegada por el odio visceral que sentía hacia los "rojos". Se quedaron absolutamente sin nada, despojados de todos sus bienes. Para las viudas de los republicanos ejecutados, la represión fue particularmente cruel. Los vencedores se ensañaron con esas mujeres, que fueron rapadas y sufrieron todo tipo de vejaciones. Las consecuencias fueron terribles: unas 200.000 (han leído bien: doscientas mil) personas murieron de hambre en España en la década de los 40 y un número probablemente mayor falleció a consecuencia de las enfermedades provocadas por la extrema desnutrición que sufrían. Esa década fue tan terrible que los historiadores extranjeros se refieren a ese periodo como "terror blanco".



Algo más de suerte tuvieron los españoles que decidieron marcharse, por mucho que las condiciones de acogida en Francia fuesen realmente penosas en un inicio. Del destino de muchos de estos españoles se podrían escribir un sinfín de libros. Simplemente quisiera recordar aquí que para muchos de ellos la guerra no se acabó en 1939. Tras estallar la Segunda Guerra Mundial, muchos pasaron a engrosar las filas de la Resistencia Francesa y posteriormente integraron las fuerzas aliadas que acabarían liberando Europa del yugo nazi. Españoles eran los integrantes del primer destacamento de la división Leclerc que entró en París y que tomó la alcaldía. Aquellos soldados republicanos lucharon movidos por la esperanza de que los aliados más tarde les ayudarían a echar a Franco del poder y pagaron por ello un precio muy alto. La historia no fue demasiado generosa con ellos…





Blindado "español" en el desfile tras la liberación de París.



https://youtu.be/RBDxOePswng



Para España, la sangría fue terrible. Se marcharon o fueron asesinados muchos de sus mejores profesores, ediles, músicos, artistas. Toda una generación fue sacrificada, que España echaría en falta durante décadas. Para algunos países como México, que acogió con los brazos abiertos aquellos exiliados, supuso una suerte extraordinaria. Por poner tan solo un ejemplo, basta decir que de los 20000 a 25000 refugiados republicanos que fueron acogidos por ese país, 293 eran médicos. Sabiendo que en todo México tan solo había por aquél entonces unos 5000 médicos graduados, no resulta difícil entender lo que supuso la llegada de un contingente tan importante de personas formadas en distintas áreas de conocimiento.

No deja de sorprenderme cuan cíclica es la vida. Viendo cómo muchos refugiados sirios e iraquíes que han tenido que huir del fundamentalismo viven ahora hacinados en campos de refugiados, me digo que no hemos aprendido nada. En vez de acoger esas personas como lo hiciera otrora el gobierno mexicano con los republicanos exiliados, nuestros gobiernos ponen toda suerte de trabas para impedir su llegada a nuestros países.





Refugiados sirios en Turquía.




Hacer memoria es un ejercicio aún necesario en este país en el que levantar el tupido velo con el que se pretendió cubrir el pasado se sigue considerando un tabú. No hubo justicia cuando se restableció la democracia. Los republicanos desaparecidos siguieron yaciendo durante muchos años en las cunetas de los caminos y pocos fueron los que tuvieron el coraje de reclamar lo que un día fue suyo. Se habla mucho del expolio de los nazis en la SGM y nos olvidamos lo que ocurrió en este país tras la guerra. Lo que más asusta los descendientes de muchas familias afines al régimen no es tanto que se exhuman los cadáveres de los vencidos, sino que salgan del olvido los expolios cometidos por los vencedores de aquella guerra. ¿ Qué fue de las propiedades y pertenencias de aquellos cientos de miles de represaliados y exiliados ? En muchos casos desaparecieron tanto los legítimos dueños como los títulos de propiedad que ostentaban pero en contados casos lograron los descendientes recuperar parte de los bienes que les fueron robados. Ha sido el caso, fundamentalmente, de instituciones como los sindicatos, para los que era mucho más fácil demostrar que fueron los legítimos propietarios de sus sedes históricas. Para muchos particulares, sin embargo, es prácticamente imposible demostrar que sus padres o abuelos fueron un día los legítimos propietarios de tierras y de propiedades que les fueron arrebatadas.

Las heridas de la Guerra Civil aún están abiertas y tardarán mucho en cicatrizar si este país renuncia a hacer el ejercicio de memoria y de justicia que se le exige. Muchas personas consideran que no vale la pena “remover el fango” pero puede que sea más bien por miedo a descubrir lo que puede esconder ese fango. Está claro que ya nadie puede ser condenado por hechos que ocurrieron hace décadas pero mientras el estado siga encubriendo las exacciones de la dictadura, este país no podrá dar lecciones de moral a nadie. Este pequeño y atípico artículo es mi particular contribución a que no caiga en el olvido el sacrificio de esa generación (la de mis abuelos) que tan mal lo pasó en la posguerra, logrando a pesar de todo ofrecer un futuro más alentador a sus hijos. Al restablecerse la democracia los represaliados del franquismo tuvieron que seguir callados por miedo a que el frágil restablecimiento de la democracia no se tambalease, pero hoy creo que ya va siendo hora de que por fin hablen los últimos testigos de aquella época. No vayamos a creernos, sin embargo, que el régimen franquista no hizo importantes concesiones a cambio de esa impunidad que exigió. Se mire como se mire, la España actual se parece bastante a la de la República en cuanto a instituciones. De hecho, tras la vuelta de la democracia se restablecieron buena parte de las instituciones de la República: sindicatos, partidos políticos, Generalitat, etc. Más que una monarquía, este país es, en realidad, una república con un rey…