lunes, 6 de julio de 2015

Anacronismos evolutivos

En un artículo que escribí hace algún tiempo, me preguntaba yo de quién se protegen los cactus y destacaba el importante papel que tuvieron que desempeñar las megafaunas extintas en el desarrollo de las plantas y ecosistemas del continente americano. Los ejemplos de coevolución son frecuentes en la naturaleza (son la norma, en realidad) y llegan a tales extremos que dejan a algunas especies totalmente dependientes unas de otras. Si una de ellas llega a desaparecer, la otra al poco tiempo también desaparece. ¿ Que sería de la estrella de navidad (Angraecum sesquipedale) – una orquídea originaria de Madagascar cuya característica más destacable es tener flores provistas de un espolón de una longitud desmesurada (29 cm) – si su único polinizador – la esfinge de Morgán (Xanthopan morgani preadicta) – llegase a desaparecer ? Este ejemplo demuestra claramente hasta qué punto muchos equilibrios son delicados y la facilidad con la que pueden llegar a romperse.




Cultivada en nuestro país desde hace varios siglos, la acacia de tres espinas (Gleditsia triacanthos) es un árbol que alcanza los 20-30 metros de altura que llama poderosamente la atención por dos características muy llamativas. La primera son las espinas que cubren las viejas ramas y el tronco, ramificadas y muy disuasorias por su solidez y tamaño (alcanzan los 20 cm de longitud). La segunda son sus legumbres, indehsicentes, cuya pulpa es azucarada y comestible. Este último carácter ha convertido esta especie en invasora en Argentina y Uruguay, ya que al ganado le encanta sus legumbres y dispersa muy eficientemente sus semillas (no digeribles).




Ahora bien… ¿ Qué animal(es) comía(n) sus legumbres antes de que los Europeos introdujeran el ganado en América ? Tal vez los bisontes ejercieran antiguamente el mismo papel que desempeña hoy el ganado pero eso no explica que este árbol tuviese que protegerse de tal manera. Por un lado, el árbol produce unas sabrosas y tentadoras legumbres pero por otro lado defiende sus ramas y su tronco de una manera tan disuasoria que cuesta creer que necesitara tales espinas para protegerse de bisontes y de antílopes. A no ser, claro está, que quien consumiera sus frutos fuese algún animal parecido a… éste:





Aunque el artista que dibujó este perezoso gigante tan solo añadiera el perfil de un hombre para comparar el tamaño de ambos, lo cierto es que los primeros americanos sí que llegaron a coexistir con estos auténticos monstruos. Cuando los primeros cazadores-recolectores llegaron al continente americano, éste aún estaba poblado por una rica fauna de Mamíferos que en aquél entonces era más rica y diversa que la que conocemos hoy en día en África. Sin embargo, en un relativamente breve espacio de tiempo, la mayoría de estos grandes animales desapareció como por arte de magia. Las dos únicas explicaciones posibles han dividido durante mucho tiempo la comunidad científica. Algunos afirman que sucumbieron como consecuencia de los cambios climáticos. Otros piensan que fueron cazados y eliminados por el hombre. Está claro que hacer recaer sobre el hombre prehistórico la culpa de su desaparición no es una idea agradable y oscurece la idea que nos hacíamos de esas sociedades primitivas. El caso es que la coincidencia entre la llegada del hombre y la desaparición de la megafauna se repite en otras regiones en las que el hombre hizo irrupción, sin coincidir necesariamente con ningún cambio climático. Es demasiado sospechoso como para exculpar sin más al hombre de cualquier responsabilidad. De hecho, tales cambios climáticos se han repetido durante todo el Cuaternario sin que desapareciera esa megafauna. Algunas especies se extinguieron y otras las reemplazaron, sin que llegasen a extinguirse todas de repente. El presente, por otra parte, tiende a demostrar que aquello tan solo fue el comienzo…



La desaparición de la megafauna y de muchas especies de un tamaño más reducido han dejado “huérfanas” a muchas especies de plantas y de animales que han visto desaparecer las especies con las que coevolucinaron. El ejemplo de la acacia (flasa acacia en realidad), tan solo es uno de ellos. Otras dos especies han sido a menudo citadas como ejemplo de “anacronismos evolutivos”. O sea, de especies que muestran unas adaptaciones aparentemente sin sentido en las condiciones actuales.  La primera es el naranjo de los Osajes (Maclura pomifera), una especie de árbol perteneciente a la familia de las Moráceas con un área de distribución relictual en el S de los Estados Unidos. Es interesante notar que esa área de distribución, aunque bastante más reducida, coincide en parte con la de la acacia de tres espinas. Coincidencia o no, también se trata de un árbol armado de fuertes espinas...





El último ejemplo que citaré es de sobra conocido puesto que se trata de un fruto que todos alguna vez habéis comido: el aguacate. Cabe hacerse acerca del aguacate la misma pregunta que para muchas especies americanas cuyos frutos y semillas son claramente sobredimensionados para la actual fauna que puebla ese continente. Cualquier herbívoro actual se atragantaría si tuviese que tragar semejante semilla. Para un megaterio o un gliptodonte, sin embargo…





Tales anacronismos evolutivos no se limitan al mundo vegetal. ¿ Acaso sabéis cual es el herbívoro más rápido del planeta ? Estoy casi seguro que al leer esta pregunta, vuestra memoria os habrá devuelto las imágenes de algún reportaje sobre la fauna africana. Algún tipo de antílope estréis pensando. Pues casi, casi. Se trata, en efecto, de un antílope. Pero vive en… ¡ Norteamérica ! El berrendo o antílope americano, en efecto, es capaz de correr a una velocidad punta de 98 km/h ! Sin embargo, no existe en Norteamérica ningún carnívoro capaz de alcanzar tales velocidades. Pues sí, este caracter también es un anacronismo evolutivo. Este antílope es capaz de correr tan rápido porque antes de la última glaciación era presa del guepardo americano, hoy extinto.




Este último ejemplo me lleva naturalmente a hablaros del rewilding, una idea avanzada por algunos científicos que opinan que los ecosistemas de muchos continentes están actualmente descompensados debido a la ausencia de gran parte de la fauna que sustentaron hasta hace pocos milenios. Os hablaré de ello más extensivamente en una próxima entrada.

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